Imposibilidades de lo humano, psicoanálisis al límite*

por Javier Bolaños

Debemos examinar la función del psicoanálisis en esta época de predominio tecno científico. Por ejemplo: lo real (noción muy utilizada a la hora de plantear una orientación cualquiera) o, dicho de otro modo, aquello que sucede marcando un límite inamovible en el funcionamiento que reina en equis espacio, ya no parece ser, para quienes ejercen el psicoanálisis, un acontecimiento fortuito, sino que, por el contrario, su engendramiento parece habitar por doquier en la boca de sus practicantes.

Dos grandes temas queremos poner en juego. Ambos se hallan en el título del presente artículo: imposibilidades de lo humano y psicoanálisis al límite. En ambos lados, se juega la misma cuestión, el límite: tema sobre el cual hay mucha confusión.

Imposibilidades de lo humano

Entre las columnas semanales que hicimos, entre los años 2017 al 2019, para una radio de Argentina, hablamos del goce. Y, allí, explicamos algo puntual: el goce es un modo de hacer frontera, un modo de hacer límite. Y hacerlo es, concretamente, poner, en ese acto, el extremo que dividirá uno del otro lado. En una de dichas columnas, agregamos, también, que esa frontera tiene una doble función: la de defensa y la de avance. Y es, justamente, allí donde comienzan las imposibilidades.

Algunas nacen del hecho de que el goce sucede siempre, sin que el hombre sea quien lo pone en juego. Allí es donde emerge, por ejemplo, determinado sentir: me siento parte de esto y no de aquello. El sentir siempre elige por uno y, uno, cuando siente, solo puede decir: así es. Tal vez esa sea la razón por la que es preferible, en el hombre, no hablar de uno o de uno mismo con tanta ligereza, sino, mejor, del uno. Del uno, que es quien, habitualmente, elige por nosotros sin que se lo advierta.

Otra imposibilidad que se juega en la frontera del hombre es la del inconsciente. El inconsciente en tanto ese funcionamiento que oficia como un real que determina el pensamiento de cada uno. Él también se maneja solo, pero lo hace produciendo interpretaciones y suposiciones. Al parecer, de eso tampoco podemos escapar. Sin embargo, para dar solo un ejemplo, podemos dar respuesta manteniendo cierta distancia: eso es lo que nos muestran los científicos. Ellos, a pesar de también tener un inconsciente, abordan su propio objeto de estudio utilizando otro método. Es una operación interesante: utilizan otro porque, de no hacerlo, corren el riesgo de hacer y concluir su tarea arrastrados por ese aparato mental (el inconsciente) que funciona como si ellos fueran los utilizados. Luego, verifican que de eso se trata: cuando se está sometido a un método, prevalece un solo punto de vista, una sola y misma dirección. La relación del hombre al inconsciente tiene también el mismo formato: siempre yendo en una misma dirección, siempre un mismo sentido, siempre hacia un mismo sitio. 

Ciertamente, solo podemos decir he elegido o he decidido. Elegir es, fundamentalmente, consentir a que algo nos lleve a determinado lugar, seleccionar algo en función de lo que ya sentimos o pensamos, decidir es pagar el costo de ello (Bolaños, 2020, 57). Por eso, mencioné el goce y el inconsciente anteriormente: para subrayar que el hecho de que haya límite no implica que el goce se resigne. Siempre que uno se entregue a cualquiera de los dos (goce e inconsciente), estará eligiendo, pero no estará resolviendo nada: solo se estará dejando llevar por lo que ya le ha sucedido. Freud llamaba a esto repetición, una y otra vez vuelve a suceder lo mismo. 

Insisto: el comando del saber del inconsciente no comporta pagar ningún costo, ¿quién lo paga allí? Hay efectos, pero no costos (lo que es muy distinto). Por eso, saber no es volver a interpretar, es saber-se ahí.

Una frontera, lo hemos dicho, fundamentalmente, nos limita. Eso no quiere decir que haya que deshacerse de ellas o haya que eludirlas, sino que solo debemos saber que estamos condicionados por ella y no por otra. Toda solución vital es hacer algo, primero, con esos condicionamientos.

A esto remite el tan mencionado no-todo en psicoanálisis, a que hay cosas que no podremos alcanzar porque hemos o nos hemos dejado elegir por determinada frontera.

Cuando digo que una frontera es defensa y avance, no estoy señalando que es defensa porque se desempeña como un mecanismo de defensa; estoy indicando que funciona principalmente como un refugio. Cuando digo que también es avance es porque esta, siempre, pretende extenderse. En otras palabras, solo se escucha y se ve desde la frontera. Si bien hay algo en el otro que anida más allá de dicha frontera, solo nos importa lo que entra o tenga cierta relación con ella. Porque solo ahí sabemos vivir. Por eso, todas las imposibilidades de lo humano son imposibilidades elegidas. ¿Los psicoanalistas tienen presente estos principios básicos?

Si un psicoanalista dice algo respecto de lo que sucede en la época (para dar otro ejemplo), no debe olvidar que lo que está diciendo tiene el límite propio del discurso al que se somete (que también oficia como un método). No todo es posible en el discurso del analista (como en ningún otro). No obstante, a menudo, se usa el psicoanálisis para cualquier propósito. ¿Será el del inconsciente, el del goce?

Pero la cuestión no es buscar disolver una frontera que nos condiciona, eso conllevaría solo a eludir sus consecuencias. Saber que se está condicionado es el principio para ocuparse del territorio que ella conforma. Esa es la tarea en psicoanálisis. 

Y el asunto señala otra arista importante. No saber, no saberse ahí, es lo opuesto que, parece, encontramos en insistencias de la época: tenemos que estar informados, queremos saber. Ahí volvemos al punto: se puede no saber y se puede saber, pero hay un límite en ambas opciones porque tampoco todo lo que sucede es accesible por ese medio, hay texturas también en juego. Para eso también está un psicoanálisis.

Que las fronteras se establezcan, también lo dijimos, tiene consecuencias. Al punto de que todo va remitir a ese trazado y va a partir de ese trazado. Y a propósito, una aclaración: al referirnos a la operación del científico, buscamos destacar que recurrir a otro método puede producir otras consecuencias. El psicoanálisis dispone de un método preciso inédito para ocuparse de lo vital. Otro respecto del inconsciente.

Realizar, ahora, esta difícil pregunta me permitirá abordar el tema que aloja la otra parte del título: ¿la vida de un psicoanalista se orienta también por el psicoanálisis?

Psicoanálisis al límite

Si bien, como señalamos, un psicoanálisis se ocupa de las imposibilidades de lo humano. Pero se ocupa, por supuesto, también, de las posibilidades. No todo es límite

Continuemos por el camino que veníamos. El goce como el inconsciente, lo que complica la situación aún más, a pesar de ser dos aparatos que aparentan no tener límites, uno expandiéndose y el otro circulando locamente como si sus posibilidades fueran ilimitadas, no existirían sin el establecimiento radical del límite. Ambos nacen allí.

Y a pesar de que, en la época, se observa una notoria exacerbación de límites, en los últimos diez años, se evidencian los que hay en el mismo psicoanálisis, desdibujándose, a partir de ello, la operación que, desde este, se realiza en y con el límite del hombre. Desde algunas esferas de la llamada comunidad psicoanalítica, se repite incesantemente: hay imposibilidad, habrá que aceptarla, hay que detenerse. Encuentro un problema en ello, pues lejos se halla un psicoanálisis de promover semejante planteo. Jacques Lacan no dijo hay que detenerse, justamente, se pronunció, por lo contrario. Hay que detenerse, sin embargo, es uno de los mandatos de época: por un lado, se incita a gozar sin límites y, por el otro, se presenta una especie de ética que insiste en que hay que pararse y mirar a quien tenemos al costado. Es el principio de la solidaridad. En sectores de la comunidad psicoanalítica, se hacen eco del riesgo de perder dicho principio y repiten, sin cesar, frases como equis acontecimiento social nos muestra lo real que emerge o equis situación nos enseña la advertencia de lo real, y ya todo se confunde. 

Fuera de esta vorágine del psicoanálisis, tal vez sí pueda ser conveniente una detención, pero solo cuando es necesario. Solo para posibilitar otras fronteras por venir. Decimos, primero, necesario y, luego, posible porque estamos hablando, concretamente, del acto psicoanalítico vuelto sobre el síntoma. Solo cuando es necesario para posibilitar otras fronteras por venir.

Y sí, no todo son límites. Si bien todo hombre se juega en el límite, en psicoanálisis, se busca alguien que habite ahí (no que alguien habite, pues no se trata de una exigencia). Porque ese es el problema, siempre que hablamos del goce, hablamos de un aparato que no necesariamente remite alguien. Ese alguien sería quien, por habitar allí, puede decidir allí (que no todo sea goce). Eso se verifica y se trabaja en la frontera. 

Esa es la dificultad que encontramos al advertir que, difícilmente, uno pueda hacer con otro si, primero, uno no puede ser otro. Es que, si uno teme que suceda algo fuera, es que eso ya lo tiene dentro. Esto último fue la problemática de la que Freud se ocupó cuando se refirió al más allá del principio de placer. Registró, allí, una extrañeza que se hace terrible cuando, paradójicamente, se reconoce que anida, en ella, lo más íntimo de nosotros. Esa es la base de lo ominoso. 

Todo eso tiene consecuencias serias en y con el psicoanálisis hoy. Tratando de diferenciarse de la salud mental, muchos de quienes encarnan dicha práctica, bajo la necesidad de decir yo también quiero participar en la época, parecen no saber a dónde van con el psicoanálisis mismo. Cuando hablamos de las consecuencias con él, intentamos decir que eso desencadena problemas con otros: los otros tampoco saben a dónde vamos. 

Algo más. El psicoanálisis trabaja con un tiempo muy preciso. Oscar Masotta le llamó futuro anterior (Masotta, 2008, 88), nosotros preferimos decirlo parecido (aunque no es lo mismo): pasado por venir. Porque eso está en juego ahora, el porvenir del psicoanálisis y del hombre. Cuando nos referimos al pasado por venir es al pasado que se encuentra adelante: otra vez vuelve a pasar lo mismo

Está en juego el porvenir del psicoanálisis, no porque se lo vaya a excluir de algún campo de saber o de acción, sino porque es el mismo psicoanálisis, tal vez, el que, de continuar así, no sabrá qué hacer. 

Insistimos: el porvenir de ambos, del psicoanálisis y del hombre, se reduce a un solo punto, a que sepamos qué vamos a hacer con nosotros mismos. No se trata de los otros, sino de nosotros mismos. Seguramente, esto buscaba Lacan al decir es necesario reinventar en psicoanálisis (Lacan, 2008). La queja y el señalamiento reivindicativo no nos llevará a ningún lado. Tampoco recurrir a sobre-interpretaciones (esto es crucial) sobre la sentencia lacaniana de un psicoanálisis cuyo quehacer se fundaría en un reverso de lo instituido (Lacan, 2017). No, al contrario, un psicoanálisis solo puede operar, con lo que sucede, en lo instituido (ni a favor ni en contra). 

Un último detalle que nos interesa rescatar: tomar en cuenta el asunto de la frontera es primordial, porque, cuando uno goza, ya no es inocente. En lo individual y en lo colectivo. Es que, cuando uno goza, genera, antes que nada, condiciones: condiciona y se condiciona. Por eso, en psicoanálisis, más que la inocencia o la culpabilidad por determinado goce, se presta radical atención a la ingenuidad respecto a él. Saber decirdepende de eso también, de saber lo que se está buscando alcanzar. 

* En Revista Saltos 7.

Referencias bibliográficas

Bolaños, J. (2020). La maquinaria humana. En Saltos 6. Córdoba: LEAP.
Lacan, J. (2008). Conclusiones del IX Congreso de la EFP, 6-9 de julio de 1978. Disponible en: http://elpsicoanalistalector.blogspot.com/2008/12/jacques-lacan-conclusiones-del-ix.html?m=1. Recuperado el 12 de febrero de 2021.
Lacan, J. (2017). Seminario 17. El reverso del psicoanálisis. Disponible en: https://www.bibliopsi.org/docs/lacan/20%20Seminario%2017.pdf. Recuperado el 12 de febrero de 2021. 
Masotta, O. (2008) Introducción a la lectura de Jacques Lacan. Buenos Aires: Eterna Cadencia.